miércoles, 14 de marzo de 2007

EL HIJO NUESTRO




Se encuentra en el viento
acariciando mi rostro con su sonrisa.
Es el travieso que no habitó
tu simiente dentro de mis entrañas.

Ausencia que me devasta en donde
las rabias se tornan condena,
inconcretado anhelo que permanece
en sus pequeñas pupilas que pudieron ser tuyas.

Sus pálpitos se asoman
desde su útero celeste cobijado en nubes,
lleva impregnada en su mirada mi tristeza.

Hoy encontré un rizo color crepúsculo
de su pelo entre los pétalos de las rosas,
y ayer, una manita regordeta manchó
las paredes de mis sienes.

Y yo lo percibo, lo descubro hasta casi tocarlo,
escucho su llanto en las madrugadas de olas y mares
que te regresan a mi memoria, en esta soledad de doble eco
que me deja la negación de tus brazos y su diminuto beso en mi rostro.

(Y mi seno maternal, se deshace en el vacío que les convoca.)


Issa Martínez

1 comentario:

STELLA MARIS TABORO dijo...

Hay en tu poema ,angustias con lágrimas de versos.